EL MECANISMO MENTAL DE LA DEPRESIÓN: LA MENTE RUMIATIVA

¿Qué elementos o factores influyen en el desarrollo de la depresión?

La mente humana es un mecanismo muy complejo y existe bastante acuerdo en que no hay una única causa para la depresión  aunque algunos factores tienen más influencia que otros

Los factores que más influyen son algunos traumas como  el abuso sexual o haber sufrido de acoso escolar y los problemas familiares, la educación, el salario, las relaciones personales  y la inclusión social.

Pero estos traumas y problemas por sí mismos no son la única causa, hay un factor mental que los agrava que es el rumiar.

¿Qué es rumiar?

Rumiar es tener pensamientos negativos  iguales o parecidos sobre los problemas  o las cosas que no nos cuadran y dar vueltas y vueltas queriendo llegar a soluciones.

 

La mente rumiativa: ¿Cómo genera la mente pensamientos negativos rumiativos u obsesivos?

A.-El objetivo de la mente pensante.

El objetivo de la mente pensante  consiste en lograr que las cosas se hagan, es decir, lograr los objetivos concretos que la mente se ha establecido.

Estos objetivos pueden referirse al mundo externo (como hacer la lista de la compra, preparar una comida, construir un coche o viajar al espacio) o pueden referirse al mundo interno del yo (como sentirse feliz, no cometer errores, no deprimirse o ser mejor persona).

Para lograr los objetivos la mente pone en marcha un mecanismo básico que llamamos “monitor de las discrepancias”.

B.-Que hace el monitor de las discrepancias.

Lo primero que hace la mente pensante con este mecanismo es hacerse una idea de cómo creemos o queremos que sean las cosas y compara eso que piensa con cómo son las cosas.

Y si hay alguna discrepancia entonces genera pensamientos y acciones para intentar solucionar esa discrepancia. Y luego controla ese proceso para ver si esa diferencia  crece o disminuye y así poder reajustar el planteamiento o nuevas acciones a llevar a cabo.

Este mecanismo funciona muy bien como estrategia general de solución de problemas y logro de objetivos en el mundo externo e impersonal y te ayuda a solucionar muchas tareas y a conseguir muchos objetivos, bien sean objetivos sencillos como fregar los platos o más complejos como construir un avión.

Y como funciona bien en ese ámbito, es normal que empleemos esa misma estrategia en nuestros mundos personal e interno, es decir, en el ámbito de nuestros pensamientos y de nuestros sentimientos o la idea de la persona que queremos ser, cuando las cosas no son cómo nos gustaría.

Y aquí es donde las cosas están equivocadas y comienzan los problemas, cuando utilizamos ese mismo mecanismo para asuntos que están fuera de su alcance.

Si llevamos a cabo acciones que eduzcan la discrepancia y alcanzamos el objetivo, no hay ningún problema.

Pero ¿qué sucede si no logramos reducir esa diferencia?

En el caso de que se trate de un problema externo referido a una tarea o conseguir un objetivo, podríamos renunciar a él y seguir con cualquier otro aspecto de nuestra vida.

Pero no resulta tan fácil renunciar a solucionar los objetivos que nos hemos marcados  cuando se refiere a nuestro mundo interno en el que está implicado el yo.

Si, por ejemplo, estamos disgustados porque nos hemos quedado sin trabajo podemos iniciar una búsqueda activa de otro empleo o realizar una formación que amplíe nuestras posibilidades, y puede haber soluciones para esa situación.

Pero ¿qué sucede si empezamos a pensar que nunca encontraremos trabajo, o que voy a ser un desgraciado, o que soy un fracaso, o que no puedo ni ganarme la vida o cómo van a contratarme si no valgo para nada?. En este caso el yo se ha implicado en el objetivo y esta conclusión sobre ese yo sugiere que no existe ninguna solución y que la discrepancia entre como son las cosas y como querríamos que fueran se mantendrá.

Y como no es fácil renunciar a nuestro objetivo, porque tenemos la imperiosa necesidad de no ser ese tipo de persona, entonces pasamos horas y horas dándole vueltas y vueltas, rumiando  sobre sus consecuencias  y sobre lo que significa para nuestra vida y nuestro futuro en general.

Pero, además, la conciencia de no ser como nos gustaría nos hace sentir peor y nos aleja del objetivo deseado, lo que solo sirve para aumentar nuestra creencia de no somos el tipo de persona que deberíamos ser. Por lo que cuanto más pensamos en ese tema más malestar nos generamos, y cuanto más malestar sintamos sobre el tema, más vendrá a la mente, para tratar de solucionarlo, estableciéndose así un bucle rumiativo continuo: la mente rumiativa.

Y la rumiación, como dicen muchos estudios, es el camino directo a la depresión y a la ansiedad.