Principales emociones negativas básicas presentes en los trastornos psicológicos. Parte III: LA CULPA

El miedo, la rabia, la culpa y la vergüenza son las emociones negativas básicas que suelen traer las personas que acuden a una consulta de psicología.

En este artículo vamos a hablar de la CULPA.

 ¿Qué es la Culpa?

La culpa es una emoción secundaria, que sólo es propia de los seres humanos y que tiene un origen social, igual que la vergüenza con la que está muy relacionada. Ambas emociones, que son necesarias para que el ser humano pueda relacionarse socialmente, pueden resultar patológicas y generar mucho sufrimiento en el ser humano.

la culpa

La culpa es una emoción que hace que sintamos que hicimos cosas de forma incorrecta o que no hicimos algo que deberíamos haber hecho.Es una emoción que tiene la misión de ayudar a reflexionar y rectificar errores.

Clases de culpa

Hay dos tipos de culpas principales:

Culpa empática

Se activa cuando sentimos que hacemos daño a los demás y es positiva porque tiende a restablecer y mantener las relaciones con los demás. La culpa sana sirve para recordar lo que pasó y no permitir que vuelva a ocurrir.

Culpa patológica

Se activa en la infancia como mecanismo de defensa y tiende a tomar una posición constante de sumisión y/u obediencia que logre evitar la agresividad de los cuidadores, y se activa ante cualquier acontecimiento, pensamiento, emoción o conducta.

¿Cómo aparece la culpa y cómo funciona?

La culpa (y también la vergüenza) aparece como una alerta para conocer y anticipar las acciones de los cuidadores y poder así modificar el comportamiento para evitar sufrir en el futuro.

Esta emoción se aprende en la infancia en función del contexto familiar y de los estilos emocionales de los padres. Su origen es posterior a la vergüenza, cuando hay lenguaje, a partir de los dos años de edad, y aparece en forma de diálogos internos.

La prioridad del niño es mantener el vínculo de apego a toda costa, por encima de cualquier otra cosa. Si se produce una ruptura, el niño sentirá miedo, enfado y rabia para intentar restaurar el vínculo; pero si este enfado y rabia no pueden expresarse o son rechazados, el niño tendrá que salvaguardar el vínculo cambiando las estrategias de regulación mediante conductas complacientes o disminuyendo su enfado o interiorizando una sensación de culpa cada vez que se produzcan situaciones de malestar en la relación con sus cuidadores y se generarán pensamientos asociados de culpa y poca valía.

Esta sensación, a base de repetirse, será algo constante en todas las relaciones posteriores en la  adolescencia y en la edad adulta.

Las personas que sintieron mucha culpa en la infancia pueden derivar en diferentes tipos de personalidad para sentir cubierta la sensación de control.

La culpa puede dirigirse hacia uno mismo o puede estar enfocada hacia los demás, es decir, responsabilizar a los demás de los propios fracasos.

Si la culpa se dirige hacia uno mismo se forma un patrón de personalidad  perfeccionista que trata de hacerlo todo perfecto. El perfeccionismo puede ser muy positivo o puede volverse enfermizo y entonces se esfuerza demasiado, nunca está satisfecho, tiende a procrastinar o posponer el hacer las cosas por miedo a no hacerlas perfectas, esconde la ansiedad esforzándose al máximo en hacer tareas, en el trabajo o en el deporte.

Si la culpa se enfoca en los demás se forma un patrón de personalidad indolente que no siente dolor, ni remordimiento ni culpa y cuyo lema es “si no hago nada, no puedo equivocarme ni fracasar”. Así que no se esfuerzan, tienden a no hacer nada, culpan a los demás de sus fracasos, esconden la ansiedad detrás de adicciones a drogas o al juego.

En definitiva, se crean las estrategias de volverse perfeccionistas o indolentes para no sentir la culpa.

El trabajo con la culpa en terapia

En terapia hay que tratar la culpa intensamente porque la persona ha convivido con esta sensación toda su vida y, quizás, prefiere vivir con ella antes de enfrentarse a la sensación de que está criticando a sus padres o a la sensación de que ellos no le querían.

En una consulta de psicología el paciente es comprendido y acompañado por el terapeuta, pero sin traicionar a sus padres, hasta que él pueda tener un criterio objetivo de la realidad.

En el trabajo en consulta se trata de evitar que el paciente vuelva a sentir la culpa de algo que ocurrió hace tiempo y que de alguna forma no puede perdonarse, normalmente algo sin importancia, pero que debido a la edad que tenía y debido a no disponer de las herramientas para poder manejarlo quedó como algo enquistado o disociado. El trabajo consiste en que el paciente pueda revivirlo y aprenda a manejarlo con nuevas herramientas como adulto y con la ayuda del terapeuta.