¿Qué es la resilencia? Y cómo hace frente a la ansiedad, estrés o depresión

“Una buena mitad del arte de vivir es la resiliencia”

                                                     Alain de Button

Sentimos ansiedad o estrés cuando, entre otras causas, nos vemos desbordados por las situaciones o acontecimientos adversos o cuando éstos duran demasiado tiempo.

Nos sentimos deprimidos cuando nos falta el ánimo y las fuerzas para seguir con nuestra vida.

que es la resilencia

Tenemos resiliencia cuando nos sentimos con fuerzas o capacidad para superar los acontecimientos o circunstancias difíciles.

¿Qué es la resilencia?

Resiliencia es la capacidad de superar o hacer frente a las adversidades de la vida, es decir, la capacidad de recuperarse y enfrentarse a situaciones difíciles de forma adaptativa.

El psicólogo John Bowlby, autor de la teoría del apego, fue el creador del termino resiliencia.  Bowlby consideraba el apego como la base segura desde la que el niño sale al mundo.

Según Denis Charney, profesor de Psiquiatría y Neurociencia en el Hospital Monte Sinaí, los diez elementos psicológicos fundamentales característicos de la resiliencia son: optimismo, altruismo, poseer un sentido moral o una serie de creencias firmes, fe y espiritualidad, humor, tener un modelo a imitar, contar con apoyo social, enfrentarse al temor (o abandonar la propia zona de confort), tener una misión o sentido en la vida.

¿Cómo se construye la resilencia?

La resiliencia no es una característica innata, sino que se adquiere y desarrolla a lo largo de la vida.

El mejor indicador de cómo una persona va a lidiar con las decepciones o situaciones problemáticas de la vida, que probablemente tendrá, es el nivel de seguridad que se establece con su cuidador principal durante los dos primeros años de vida.

La psicóloga Diana Fosha dice sobre el origen de la resiliencia “las raíces de la resiliencia deben buscarse en la  sensación de ser comprendidos y de existir en la mente y en el corazón de otra persona amada, sintonizada y dueña de sí misma”.

La resiliencia depende pues, en un principio, de lo armónicas que fueron nuestras primeras interacciones con nuestros cuidadores.

Los niños con un apego seguro aprenden a que pueden jugar un papel activo cuando se enfrentan a situaciones difíciles. Los niños cuyos padres son fuente fiable de consuelo y de ánimo tienen una ventaja vitalicia, una especie de escudo contra lo peor que el destino les pueda deparar.

Los niños con un apego inseguro, sin embargo, están más condicionados a darse por vencidos o a  desfallecer cuando se enfrentan a retos o adversidades más adelante en su vida.

Un apego seguro combinado con el cultivo de la competencia, -“de ese inténtalo de nuevo, tu puedes”-, crea un centro interno de control clave para manejarse con más fuerza y resistencia a lo largo de la vida.

Posteriormente, a medida que avanzamos en la vida, puede haber otros vínculos o relaciones o vivencias a partir de las que el niño, el adolescente o el adulto podrán reconstruir parte de lo que en un primer momento no pudo forjarse cuando ha habido un apego inseguro y adquirir una mayor resiliencia para afrontar los momentos difíciles de su vida.

Una de esas situaciones o vivencias es el hacer una psicoterapia, pues la psicoterapia es un proceso por el que, a través del vínculo terapeuta-paciente, la persona adquiere una seguridad básica para encarar la vida.

¿Qué podemos hacer para aumentar la resilencia?

La resiliencia es un rasgo de la psicología humana que constituye una poderosa muralla frente a la ansiedad, la depresión y el estrés, y, por ello, es importante ver qué podemos hacer para aumentarla.

Desde nuestro planteamiento estas son algunas de las cosas que ayudan a mejorar la resiliencia:

  1. Reconstruir las dificultades o la vulnerabilidad que pudieron forjarse en la relación de apego, cambiando las memorias emocionales negativas que quedaron enquistadas.
  2. Reducir la activación y la alerta del sistema nervioso son técnicas de reducción de la ansiedad y el estrés.
  3. Practicar el Mindfulness o Conciencia Plena para aquietar la mente, centrar la conciencia en el momento presente y aprender a aceptar y tolerar la incertidumbre.
  4. Recuperar el seguir activos en las cosas de las habitualmente disfrutábamos o nos hacían sentirnos mejor. Es importante no esperar a tener ganas de hacer algo para hacerlo. En su lugar lo hacemos como una forma de cuidarnos y a ver qué sucede, procurando no prejuzgar el modo en que te sentiras cuando lo hayas hecho.

Ipsia Psicología Zaragoza. Especialistas en depresión, ansiedad y estrés.

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